A las afueras del pequeño asentamiento de Megali Mantinea, en el sur del Peloponeso, se encuentra esta parcela singular de 1.5he. Cubierta por una rica vegetación mediterránea, constituye un verdadero campo de exploración y creación. Se trata de un terreno en pendiente, con una fuerte presencia rocosa, donde aún se distinguen restos de antiguos muros de piedra seca y terrazas, vestigios de un antiguo olivar.
En el interior de la parcela se revelan distintas cualidades paisajísticas: antiguas terrazas de olivos irregulares, plataformas naturales entre algarrobos y formaciones rocosas conforman unidades espaciales diferenciadas con carácter propio. A medida que se avanza hacia el este, la topografía asciende progresivamente, abriendo vistas hacia el mar y la ciudad de Kalamata.
En la parcela se propone la implantación de una vivienda principal de uso vacacional y dos viviendas auxiliares, con una arquitectura de escala contenida, inspirada en el paisaje y desarrollada desde una sensibilidad sobria, tradicional y cálida.


El proyecto paisajístico parte de la precisa documentación y decodificación del carácter existente y de las cualidades paisajísticas del lugar. A continuación, se desarrolla la exploración del programa y su integración óptima en el masterplan, con el objetivo de minimizar la alteración del paisaje existente. Finalmente, a partir del análisis de la paleta vegetal y espacial existente, se busca la restauración y mejora del paisaje, así como la creación de nuevas cualidades que enriquezcan su valor estético y ecológico.
La propuesta persigue la integración sutil de la arquitectura en el paisaje mediterráneo, a través de la interacción entre vegetación, texturas, colores y topografía, manteniendo y reforzando la vegetación existente (olivos, algarrobos, maquia y vegetación xerófila). Se inspira en el paisaje de la campiña griega y en las antiguas terrazas de cultivo, buscando la creación de un jardín que no se imponga sobre el lugar, sino que emerja orgánicamente de él.


Los caminos y las plataformas se plantean como superficies permeables, ejecutadas con grava, tierra natural compactada o piedra local suelta, adaptándose a la topografía existente. Su trazado sigue fielmente las curvas del terreno, integrándose en la morfología del lugar y utilizando, cuando es necesario, las propias rocas del emplazamiento para resolver pequeños desniveles y transiciones. El sistema se complementa con una cuneta de drenaje blanda, diseñada para la gestión y conducción superficial del agua de escorrentía, favoreciendo su infiltración progresiva en el terreno y evitando concentraciones de caudal que puedan generar erosión. La incorporación de vegetación autóctona que contribuye a fijar el sustrato.

Las plantaciones se organizan en zonas de distinta densidad y carácter, con composiciones más naturalistas en las áreas abiertas y a lo largo de los recorridos, mientras que en las proximidades de las viviendas y zonas de uso se proponen formaciones más estructuradas y controladas. Se emplean principalmente especies autóctonas o bien adaptadas al clima mediterráneo, con bajos requerimientos hídricos y alta resistencia a la sequía, con especial énfasis en la biodiversidad, la estacionalidad y la creación de hábitats para polinizadores y fauna local.

La paleta vegetal se basa en especies aromáticas, frutales xerófitos, gramíneas y elementos de maquia mediterránea, con una evolución cromática gradual y orgánica a lo largo de toda la parcela, incorporando además especies bulbosas y perennes para floraciones estacionales discretas y un dinamismo sutil dentro del paisaje.


